Normalidad

¿Quién no quiere ser normal?  ¿A quién le gusta que le excluyan del grupo?  Como seres humanos tenemos sentido de pertenencia, somos seres sociales, y necesitamos la referencia y la aceptación del grupo para sentirnos bien.

Ahora bien, ¿qué es lo normal?  ¿Es algo fijo, inamovible?

Como “normalización” es un término estadístico, veamos lo que significa.  “Normal” es aquello que se ajusta a la norma. Esta norma puede establecerse alrededor de parámetros objetivos (como medida, peso, densidad, etc.) utilizados para el control de calidad de producción, o variables (como la cultura, la educación, las normas sociales, etc.) usados para medir las tendencias sociales en una región determinada y en un momento determinado.

Pongamos un ejemplo de esto último. Lo normal en la sociedad actual española es que los jóvenes se independicen alrededor de los 30 años*. Así que si decides emanciparte en España a los 25 años, no eres normal. 

Pero ¿qué pasa si cada vez más personas de 25 años empezaran a emanciparse y llegaran a ser la parte principal del grupo?  Que la edad normal de independización sería 25, y no 32 años.

Es decir, que lo que se considera normal en un momento dado, puedo no serlo en otro pues cambian las circunstancias, y la sociedad se adapta a los nuevos parámetros.

La normalidad es un camino pavimentado: Es cómodo para caminar, pero no crecen flores en él. 

Vincent Van Gogh

¿Qué ha pasado, por ejemplo, con la tasa de obesidad? ¿Con el alcance de enfermedades como la diabetes, el alzhéimer, el TDAH o el autismo? ¿Y el cáncer?

Ya hace un tiempo que se está hablando de “normalizar” estas situaciones.  De convivir con el cáncer.  De aceptar que tendremos degeneración cognitiva a edades muy tempranas.  Lo único que eso significa es que cada vez es más habitual padecer estos trastornos.  Pero, sinceramente, ¿te conformas con que esto sea “lo normal”?

Yo, sinceramente, no.  No me conformo.  No me quiero conformar.  Aunque me tachen de rebelde.  Y no me conformo porque se trata de mi bienestar. De mi integridad.  De mi convencimiento en que soy en una grandísima parte responsable de lo que pasa con mi cuerpo y con mi salud, además de con mi bienestar.

No voy a negar que hay circunstancias, internas o externas, que me afectan.  Que a veces no podré cambiar.  Pero no me voy a quedar de brazos cruzados, como una víctima, pensando que ahora lo que me sucede es “lo normal” porque hay mucha gente a la que le pasa lo mismo que a mí.

Me niego a ser el conejillo de indias de entidades que quieren probar en mi cuerpo cómo funciona esta o aquella sustancia que puede que calme mis “síntomas” y, de paso, quizá pueda ayudar a miles de otras personas que están pasando por lo mismo.

No.  Rotundamente.  ¿Cuándo la obesidad ha dejado de ser algo anecdótico a ser el pan de cada día?  ¿Cuándo hemos aceptado que llegando a determinada edad somos más vulnerables a padecer determinadas enfermedades? ¿Nos hemos olvidado ya de nuestros abuelos, aquellos que pasaron hambre, que trabajaron duro, que no podían acudir al médico, y que murieron viejos, cansados, pero sanos? ¿Hemos olvidado que tenemos el poder de decidir? ¿Qué somos libres para aceptar o rechazar lo que comemos, lo que leemos y lo que vemos o escuchamos?  ¿Qué somos los maestros y los líderes de nuestra propia vida?

Dejemos atrás el concepto de “normalización”, de aceptar como normales conductas insanas, de creernos las víctimas y entrar en el círculo de la inacción, esperando que alguien venga a salvarnos con no sé qué sustancia experimental que a lo mejor me quite el dolor pero me provoque ansiedad. 

Empoderémonos.  Informémonos y formémonos.  Aprendamos a examinarnos profundamente.  Sabiendo de dónde partimos, podemos ponernos en marcha para alcanzar nuestros objetivos, sintiéndonos bien y siendo felices.

¿Qué implica eso? Entendimiento. Esfuerzo.  Adaptación.  ¿Por qué hay personas que, pudiendo modificar ciertos hábitos en su alimentación, prefieren rendirse a que ahora es normal tener colesterol (o diabetes, o acidez, o inflamación) con su edad?  ¿Y, sin embargo, hay otras que tienen condiciones realmente serias en su salud que han adaptado su vida a esas circunstancias y logran alcanzar sus objetivos?

Y no, no me digas que hay quien tiene más recursos. No me digas que es por la edad.  No me digas que es por tu pareja, tus padres o tus hijos.  Deja de poner excusas.

Lo NORMAL es vivir una vida de bienestar, de felicidad, de alegría.  Y lo que hay que hacer es encontrar las HERRAMIENTAS, y las PERSONAS que te ayuden a recorrer ese CAMINO de sentirte bien.

Por eso hazte responsable y pon toda tu energía en estar bien.  Toma acción. Haz los cambios necesarios.  Deja atrás lo que te estorba para lograr tu bienestar.  Deja de pensar que ser “normal” es estar como los demás.  Deja de pensar en lo que tienes que hacer y piensa en cómo hacerlo.  Si los demás están dormidos, DESPIERTA. No hace falta que hagas ruido. Hace falta que te muevas.

Porque TE GUSTA CUIDARTE. 

Por eso formo parte de este gran proyecto de vida.

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