Los beneficios del Silencio

No sé a vosotros, pero a mí cada vez se me hace más difícil encontrar ratitos de silencio. 

Ruido para levantarte, ruido en las calles, en la oficina, en el autobús.  La música de mi vecino o las sirenas de ambulancias.  El caso es que el silencio es poco común.

¿Por qué tendríamos que interesarnos en el silencio, o su ausencia?

Resulta que, según la Agencia Europea del Medio Ambiente, en Europa se producen 12000 muertes prematuras al año relacionadas con el ruido, hay 48.000 diagnósticos nuevos de cardiopatía isquémica y 6,5 millones de personas afectadas con alteraciones del sueño.  No son datos baladíes.

Pero más allá de las afecciones físicas, la exposición al ruido provoca problemas de concentración, estrés, menor atención y pérdida de memoria.

Por otro lado, el silencio, tanto si lo guardamos guardamos como si lo escuchamos, aporta grandes beneficios. ¿Cuáles son algunos?

El silencio nos hace más inteligentes.

Se dice de Pitágoras, filósofo y matemático griego, que una condición que imponía a sus alumnos era la de guardar silencio absoluto durante los 5 años previos a su ingreso en la escuela, con el fin de practicar la autodisciplina y acceder a la sabiduría.

Es en periodos de silencio en los que podemos acceder a nuestro interior, examinar nuestras emociones o desarrollar la intuición.  El silencio favorece la concentración, la agudeza mental y la memorización. Nos permite tomar perspectiva de los asuntos y aprovechar al máximo nuestras capacidades intelectuales.

El silencio, una palabra como cualquier otra

Un proverbio japonés dice:” Lo que el hombre no dice es la sal de la conversación”. En la relación con los demás el silencio tiene tanta importancia como las palabras.  Nos permite recopilar información, provocar confidencias, dejando de lado el juicio y obteniendo una visión global de lo que dice nuestro interlocutor. Saber callarse también es una excelente manera de aprender.

¿Cómo se aprende a mantener silencio?

Sí, el silencio, ese raro don de nuestro día a día, necesita de aprendizaje y práctica.  Un sencillo ejercicio: regálate 5 minutos de silencio por la mañana y otros 5 por la tarde, escuchando sólo tu respiración. Puedes cambiar esta dosis por 1 minuto cada hora, con el mismo objetivo. Verás que con la práctica te sorprenderás de la importancia que tiene este paréntesis silencioso en tu equilibrio vital.

Cuéntanos tus hallazgos en la práctica de silencio, ningún silencio es igual a otro.

Fuente:

Comparte este artículo

Share on telegram
Share on linkedin
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on pinterest
Share on email
Share on facebook
Share on print

Suscríbete gratis al Club TGC