El 2020 nos ha traído muchas cosas. Según quién lo cuente, muchas cosas malas. Lo que es indudable es que ha provocado muchos cambios, a nivel global y también a nivel individual.

También ha traído a la superficie una gran división de opiniones y de actitudes, que han provocado enfrentamientos intelectuales y físicos entre aquellos que creen y siguen sin reservas las informaciones oficiales y los que deciden investigar por su cuenta y crear su opinión.

Lo que sí es cierto es que nos han llevado a plantearnos quién es el responsable de nuestra salud. ¿Son los gobiernos? ¿Las farmacéuticas con sus vacunas? ¿Las empresas? ¿Los medios de comunicación?

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La crisis de responsabilidad 2020

En pleno caos hemos visto como unos y otros se pasaban la pelota (la responsabilidad) sobre decisiones como: mascarillas, vacunas, distancia social, confinamientos… De tal forma que, en lugar de traer orden a una situación caótica, sólo consiguieron dividir más a los ciudadanos, que ya no sabían a quién hacer caso.

La realidad es que esta situación no ha sido diferente a otras que llevamos años enfrentando, sólo que ha sido de forma global y ha guiada por un sentimiento en común: el miedo.

Y, créanme, el miedo no es un buen conductor.

Llevamos años considerando habituales otros problemas de salud como el cáncer, la diabetes, los trastornos alimenticios, los desequilibrios mentales… Para todos ellos hay infinidad de tratamientos paliativos e investigaciones, pero, por ahora, no se ha logrado una cura. Y cuando digo una cura, me refiero a algo externo, como una pastilla, una operación o una vacuna, que al aplicarlo erradiquen estos problemas de nuestro organismo.

El punto de vista (limitado) farmacológico

La medicina La industria farmacéutica trata de ver desequilibrios de salud de la misma manera que una infección bacteriana o un traumatismo. Están centrados en matar la causa, sea con terapias químicas, intervenciones quirúrgicas o de anular los mecanismos naturales, con inmunosupresores (suprimen nuestro sistema inmune) o antidepresivos (suprimen nuestra respuesta cerebral ante las emociones).

Y no, no funciona.

Estamos mirando en el lugar equivocado. Buscando fuera lo que tenemos dentro. ¡Para una vez que teníamos que mirarnos el ombligo!

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La cruda realidad

Hay una realidad que no todo el mundo está dispuesto a aceptar. Somos enteramente responsables de nuestra salud. Igual que de nuestros actos y decisiones. Aunque a veces parezca que no tenemos opciones y sólo hay un camino, esto no suele ser cierto. Siempre podemos tomar un camino alternativo. Además, jugamos con ventaja: ya sabemos a donde lleva el camino más utilizado, ¡miles de personas lo recorren cada día!

Hagamos un ejercicio: mira eso que te molesta de tu cuerpo. Quizás sea esa barriguita. Esa que te empeñas en adjudicar a tu trabajo o a la comida que te ponen en la mesa cada día.

Ahora piensa: YO SOY RESPONSABLE. La única persona responsable.

¿Qué harás ahora?

Sin excusas ni culpables fuera de tu alcance. ¿Hasta qué punto te molesta esa parte de ti? ¿Mucho? Entonces… no queda otra opción: busca la manera de deshacerte de esos kilos, o deja de depender del tabaco o el alcohol, o de la pastilla que alivia los efectos de tus malos hábitos.

Y si no, siempre tienes la opción de ver cómo los gobiernos, las farmacéuticas, tu familia y tu jefe boicotean tu salud, mientras tú sólo observas...

Lo que tengo claro es que 2020 ha sido un año maestro. Nos ha enseñado a vivir de una manera diferente. A reinventarnos. Y creo firmemente que es el mejor momento para tomar de nuevo la responsabilidad por nuestra salud física, mental, emocional y espiritual.

Por cierto, a principios del año pasado hice un vídeo explicando cómo los aceites esenciales pueden ayudarte con tus defensas. Youtube lo censuró, alegando que podía ser peligroso para la salud. ¿Por qué no lo ves y me dices qué te parece la postura de YouTube?

Aquí está: https://tegustacuidarte.com/blog/2021/02/25/sube-tus-defensas-con-aceites-esenciales/

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