¿Qué significa estar parado?

– Imagen: Elena Antúnez

Cuando se han disparado todas las alarmas por las cifras de personas que permanecen desempleadas en España, cabe reflexionar sobre el malestar psicológico que causa esta situación. En su libro «El impacto psicológico del desempleo», José Buendía, profesor de Psicopatología de la Universidad de Murcia, ahonda en esta cuestión más allá del dato estadístico. Desvela por qué es tan destructivo perder un empleo y defiende la aplicación de soluciones sociales, más allá del subsidio, para aliviar el dolor psicológico de los desempleados.

Síndrome de la invisibilidad

El primer gran impacto del desempleo es el padecimiento del síndrome de la invisibilidad, afirma este psicólogo. Cuando una persona es víctima de este síndrome, siente que «no le ven». «En esta sociedad, a pesar de la crisis, sólo cuenta la productividad, el parecer o el tener», manifiesta Buendía. Los parados vagan por las calles, donde observan cómo los cines, los escaparates, los restaurantes, los cafés o las oficinas funcionan, sin que ellos puedan consumir ni formar parte de ese engranaje productivo que constituye el mercado de trabajo.

El mundo sigue, pero cada vez hay más personas desempleadas y aquejadas por un profundo malestar psicológico, con el agravante de que muchas no se atreven a pedir ayuda por vergüenza o por orgullo.

El beneficio del trabajo

El trabajo es una fuente muy importante de bienestar psicológico y social, que se constata cuando se pierde

Mientras se trabaja, son muchos quienes se lamentan de los horarios, el salario, las relaciones laborales o el estrés, entre otros factores. Pero el trabajo es una fuente muy importante de bienestar psicológico y social, que se constata cuando se pierde. «Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y, desde entonces, continuamente reforzada a través de las influencias de la escuela, la familia y los medios de comunicación», explica Buendía. Cuando una persona logra formar parte del mundo laboral, accede a un nuevo estatus y a una nueva identidad social. El desempleo interrumpe ese proceso y se convierte en una sensación de derrota y fracaso.

El trabajo tiene unas funciones manifiestas, como percibir un salario y las condiciones mismas del empleo, que justifican que los trabajadores experimenten sentimientos negativos hacia su ocupación. Pero también tiene unas funciones latentes que justifican todo lo contrario: una motivación positiva hacia el empleo, incluso aunque sus condiciones salariales y laborales no sean muy favorables.

Entre esas funciones latentes, cabe distinguir cinco: el empleo impone una estructura del tiempo, implica experiencias compartidas y contactos con personas ajenas al núcleo familiar, vincula al individuo con metas y propósitos que rebasan el propio yo, proporciona un estatus social y clarifica la identidad personal y, por último, requiere de una actividad habitual y cotidiana. Puesto que no sólo se trabaja para ganarse la vida, sino también para el desarrollo personal, perder el empleo resulta destructivo desde la vertiente psicológica, incluso cuando se tenga una fuente de ingresos económicos asegurada.

Fuente: Consumer

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