Entrevista a Emilio Bouza, director del servicio de microbiología clínica del hospital Gregorio Marañón de Madrid.

Pregunta.- ¿Cuáles han sido los cambios más llamativos en los últimos años?

Respuesta.- Los más destacables son la rapidez del diagnóstico, las técnicas moleculares y la comunicación entre los clínicos y los microbiólogos. Hemos aprendido que, aunque la información no sea perfecta, es mucho más importante dar un diagnóstico rápido. Otro aspecto relevante es que, junto a las bacterias, que han sido siempre los agentes más importantes de las infecciones hospitalarias, ahora destacan también otros microorganismos emergentes, como algunos virus y, fundamentalmente, los hongos.

P.- Entre esos últimos, ¿cuáles son los más preocupantes?

R.- Unos hongos que se parecen a los que hacen la fermentación del pan, que son levaduras como ‘Candida’; y los llamados hongos filamentosos, como ‘Aspergillus’ y ‘Mucor’. Nuestro grupo es uno de los que más ha llamado la atención sobre el papel que la presencia en el ambiente de estos microorganismos puede tener como agente causal de infecciones muy graves en enfermos ingresados. Hasta ahora se creía que no le hacían daño a nadie que no tuviera una inmunidad muy deteriorada. Sin embargo, eso rige siempre y cuando la cantidad de hongos circulante en el aire sea razonable. Si aumenta, entonces hace falta tener mucha menos predisposición; incluso un paciente que esté bastante menos grave puede llegar a infectarse.

P.- ¿Cuáles son los virus que están planteando más problemas?

R.- Hay un tipo que nos preocupa mucho, que son los del grupo herpes. Especialmente un nuevo virus, el BKV, que causa la pérdida del injerto en el trasplantado renal. Detectar pronto el patógeno es clave para evitar ese efecto. Lo que se conoce menos es el impacto que estos virus tienen en otros grupos de población inmunodeprimida: los trasplantados hepáticos y cardiacos y los enfermos oncológicos, por ejemplo.

P.- En cuanto a las bacterias, ¿es tan alarmante el desarrollo de resistencias?

R.- Sí. Empieza a haber algunas que son multirresistentes y en el laboratorio se ha visto que incluso las hay que pueden ser ‘drogadictas’. No es que sean resistentes, sino que si se les quita el antibiótico se mueren. Empieza a haber microorganismos que no podemos tratar prácticamente con nada y tenemos que recurrir a antimicrobianos tóxicos que habían dejado de utilizarse hace años.

P.- Su grupo investiga cómo evitar la denominada infección del catéter. ¿Qué medidas se pueden adoptar?

R.- Lo fundamental es controlar que se implanta correctamente y revisar diariamente la necesidad de mantenerlo. Hemos trabajado en el diseño de métodos rápidos de diagnóstico sin retirar el catéter. También estamos estudiando sistemas preventivos, como bañar los catéteres en sustancias antisépticas o en antibióticos. Uno de nuestros proyectos de investigación actuales es el uso del etanol (alcohol etílico) como agente capaz de prevenir las infecciones en los catéteres endovasculares.

P.- ¿Cuál es el papel de un servicio como el suyo en caso de guerra bacteriológica?

R.- Es esencial. En España no se ha involucrado lo suficiente a los servicios de microbiología en los sistemas de alerta. Este tipo de ataques son fáciles y económicos. Conviene estar preparados para hacerles frente y, a ser posible, adoptar medidas preventivas.

Fuente: elmundo.es

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